Durante décadas, la sexualidad femenina ha estado envuelta en silencios, juicios y mitos que no solo distorsionan la realidad, sino que también limitan la libertad y el bienestar de las mujeres. Aunque cada vez se habla más del placer, del deseo y del derecho a una vida sexual plena, aún persisten muchas creencias erróneas que pesan en la intimidad, la salud y la autoestima.
Romper con estas ideas no es solo una cuestión de información: es también una forma de cuidarse, conocerse y construir una relación más saludable con el propio cuerpo.
Es por ello que en este artículo desde nuestra clínica González Salas queremos desmontar 10 de los mitos más frecuentes que siguen afectando a la sexualidad femenina. Sin filtros, sin tabúes.
10 mitos sobre la sexualidad femenina
1. “El deseo sexual femenino es más débil por naturaleza”
No, el deseo femenino no es “menor”. Es diferente. Se manifiesta de manera distinta, puede estar más vinculado a lo emocional o a la conexión afectiva, y está influenciado por muchos factores: hormonales, sociales, psicológicos y contextuales. Asumir que la mujer “desea menos” perpetúa la idea de que su sexualidad es pasiva o secundaria.
Entender y respetar la diversidad de formas en que se experimenta el deseo es esencial para dejar atrás este mito y acercarse a una vivencia sexual más auténtica.
2. “La primera vez tiene que doler”
Este es uno de los mitos más arraigados y más dañinos. El dolor no es una parte inevitable ni “normal” del inicio de la vida sexual. Si hay molestias, puede deberse a múltiples factores: nerviosismo, tensión muscular, falta de lubricación, escasa preparación o incluso condiciones médicas como el vaginismo.
Naturalizar el dolor contribuye a silenciar experiencias incómodas o traumáticas. La educación sexual y el acompañamiento profesional adecuado pueden prevenir muchas de estas situaciones y ofrecer herramientas para vivir el inicio de la sexualidad desde el respeto y el cuidado.
3. “Solo existe un tipo de orgasmo: el vaginal”
Durante mucho tiempo, se ha impuesto la idea de que el “verdadero” orgasmo femenino es el que se alcanza mediante penetración. Sin embargo, la investigación ha demostrado que la mayoría de las mujeres llega al clímax a través de la estimulación del clítoris, un órgano tan complejo como ignorado durante siglos.
Cada cuerpo es distinto, y reducir la experiencia orgásmica a una única vía invisibiliza la pluralidad de placeres que existen. No hay una manera “correcta” de disfrutar: todas son válidas si respetan el deseo y los límites propios.
4. “Con la menstruación no se puede tener relaciones sexuales”
No hay ninguna razón médica que impida mantener relaciones sexuales durante la menstruación, siempre que ambas personas estén de acuerdo. De hecho, algunas mujeres sienten un aumento del deseo en esos días, o descubren nuevas formas de conexión con su cuerpo.
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Este mito tiene raíces en prejuicios culturales y en la idea de que la menstruación es algo “sucio” o “incómodo”. Desmontarlo es también dignificar un proceso natural y saludable como el ciclo menstrual.
5. “La sequedad vaginal solo aparece en la menopausia”
Aunque la menopausia puede provocar sequedad por la bajada de estrógenos, esta condición no es exclusiva de esa etapa. Puede surgir en mujeres jóvenes debido a anticonceptivos hormonales, estrés, lactancia, ciertos tratamientos médicos o desequilibrios hormonales.
La sequedad vaginal no debe normalizarse. Si interfiere en la vida sexual o causa molestias, es importante consultar para identificar la causa y encontrar soluciones. Existen tratamientos seguros y eficaces que pueden mejorar significativamente la calidad de vida.
6. “La pérdida de deseo es inevitable en la pareja estable”
El deseo puede transformarse con el tiempo, pero no tiene por qué desaparecer. La rutina, las cargas mentales, la maternidad o el estrés pueden influir, pero el deseo puede mantenerse (o reactivarse) con comunicación, creatividad y atención mutua.
Entender que la sexualidad en pareja necesita cuidado y espacio propio ayuda a combatir este mito y a evitar que la falta de deseo se viva como un fracaso inevitable o irreversible.
7. “El placer femenino depende de la otra persona”
Creer que la otra persona tiene la responsabilidad total del placer propio es una idea muy extendida… y muy injusta. El placer es compartido, pero también es un camino personal que requiere autoconocimiento y exploración.
Muchas mujeres no han tenido la oportunidad de descubrir qué les gusta, cómo responde su cuerpo o cómo comunicarlo. Romper con este mito es animarse a explorar sin culpa, sin prisas, con curiosidad y respeto.
8. “Después del parto, la sexualidad se apaga”
El cuerpo cambia, sí. Y también la relación con el propio cuerpo. Pero eso no significa que el deseo o el placer desaparezcan para siempre. La sexualidad posparto es una etapa más, y como todas, requiere adaptación, escucha y muchas veces acompañamiento profesional.
Desde el cuidado del suelo pélvico hasta el trabajo emocional con el propio cuerpo, existen recursos para recuperar el bienestar sexual después de la maternidad. No se trata de volver a ser “como antes”, sino de descubrir una nueva forma de vivir la intimidad.
9. “Si hay dolor en las relaciones, es normal”
Muchas mujeres han aprendido a convivir con molestias o incluso con dolor durante el sexo, creyendo que es algo normal o que “les pasa a todas”. Nada más lejos de la realidad. El dolor en las relaciones sexuales nunca debe ignorarse.
Puede deberse a causas físicas (como infecciones, endometriosis, vaginismo o sequedad vaginal), emocionales o a una combinación de ambas. Lo importante es no resignarse. Escuchar al cuerpo y buscar ayuda profesional es el primer paso para recuperar el bienestar.
10. “Hablar de sexualidad en voz alta está mal visto”
Este mito sigue generando silencio y vergüenza. La sexualidad forma parte de la salud, del bienestar, de la identidad. No hablar de ella perpetúa la desinformación, el miedo y la culpa.
Hablar de placer, de dudas, de deseo, de dolor, de límites… es un derecho. Crear espacios seguros donde hacerlo, en la consulta médica, en la pareja, en la educación, en la sociedad, es un paso imprescindible para vivir una sexualidad libre, diversa y sin filtros.
Desmontar estos mitos no solo nos permite vivir la sexualidad de forma más consciente y saludable, sino que también nos libera de pesos heredados, ideas impuestas y silencios innecesarios. Porque cada cuerpo, cada historia y cada vivencia es única.
La sexualidad femenina no necesita ser corregida, ni explicada desde fuera. Solo necesita ser escuchada, respetada y acompañada. Y ese camino comienza por dejar atrás los mitos, y empezar a hablar con claridad, curiosidad y confianza.


