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De la perimenopausia a la menopausia: guía para entender los síntomas

La menopausia no llega de un día para otro. Es un proceso que comienza años antes del cese definitivo de la menstruación y que muchas veces llega sin avisar, con síntomas que se confunden con estrés, cansancio o cambios emocionales. Ese periodo de transición se llama perimenopausia, y entenderlo es el primer paso para vivirlo con mayor bienestar.

Hoy hablamos de forma clara y sin tabúes sobre esta etapa natural en la vida de las mujeres. Porque estar informada es cuidarse. Y porque hay mucho que se puede hacer para aliviar los síntomas y recuperar calidad de vida.

¿Qué es la perimenopausia?

La perimenopausia es el periodo de transición hormonal que precede a la menopausia. Suele comenzar entre los 40 y los 45 años, aunque en algunas mujeres puede presentarse antes. Durante esta fase, los niveles de estrógenos y progesterona fluctúan, lo que genera una serie de cambios físicos y emocionales.

No hay una duración exacta: puede extenderse desde unos pocos meses hasta varios años. La menopausia se confirma cuando han pasado 12 meses consecutivos sin menstruación.

Principales síntomas de la perimenopausia

Cada mujer lo vive de manera diferente. Algunas atraviesan esta etapa con síntomas leves; otras, con mayor intensidad. Lo importante es conocer las señales más comunes:

1. Alteraciones menstruales

Los ciclos se vuelven irregulares: más largos, más cortos, con sangrados más abundantes o muy escasos. Es una de las primeras señales de que algo está cambiando.

2. Sofocos y sudores nocturnos

Son uno de los síntomas más típicos. Aparecen de forma repentina y pueden durar desde unos segundos hasta varios minutos. En algunos casos, afectan al descanso y a la calidad del sueño.

3. Cambios en el estado de ánimo

Irritabilidad, ansiedad, tristeza o sensación de estar más sensible. Estos cambios están relacionados con las variaciones hormonales y también con el impacto psicológico de esta nueva etapa.

4. Problemas para dormir

El insomnio o los despertares frecuentes son muy comunes. A veces están vinculados a los sofocos nocturnos, y otras veces se producen sin una causa clara.

5. Sequedad vaginal y molestias en las relaciones sexuales

La bajada de estrógenos afecta al tejido vaginal, que puede volverse más seco, menos elástico y más sensible. Esto puede provocar molestias o dolor durante las relaciones sexuales.

6. Disminución del deseo sexual

Los cambios hormonales, junto con el cansancio y la sequedad vaginal, pueden reducir la libido. No siempre ocurre, pero si sucede, es importante abordarlo sin culpa ni resignación.

7. Cambios en el cuerpo

Muchas mujeres notan aumento de peso, sobre todo en la zona abdominal, retención de líquidos o pérdida de masa muscular. También es común la caída del cabello o la fragilidad en las uñas.

8. Problemas de concentración y memoria

Lo que se conoce popularmente como “neblina mental” puede dificultar la atención, la memoria a corto plazo o la capacidad de concentración.

¿Y después? La llegada de la menopausia

La menopausia se considera instaurada cuando se ha producido un año completo sin menstruación. A partir de ese momento, los ovarios dejan de liberar óvulos y la producción de estrógenos se estabiliza en niveles bajos.

Los síntomas de la perimenopausia pueden continuar durante algún tiempo más. Es lo que se conoce como posmenopausia temprana, una fase de ajuste que también requiere acompañamiento y cuidado.

Mejorar la calidad de vida en esta etapa: sí, se puede

Aunque la perimenopausia y la menopausia son procesos naturales, eso no significa que debamos sufrir en silencio. Hoy sabemos que existen múltiples formas de aliviar los síntomas y recuperar el bienestar físico, emocional y sexual. Aquí te compartimos algunas claves:

1. Consulta médica personalizada

Cada mujer es única. Por eso, el seguimiento ginecológico durante esta etapa es fundamental. En nuestra clínica González Salas, acompañamos a cada paciente de forma cercana y personalizada para entender su caso y ofrecer las mejores opciones de tratamiento.

Un buen diagnóstico permite descartar otras causas de los síntomas y valorar el abordaje más adecuado. Entre las opciones posibles están los tratamientos hormonales, los complementos naturales o los cambios en el estilo de vida. La decisión debe tomarse siempre con acompañamiento profesional y desde el respeto a los ritmos y necesidades de cada mujer.

2. Movimiento diario y ejercicio adaptado

El ejercicio físico regular ayuda a controlar el peso, mejora el estado de ánimo, fortalece los huesos y favorece el descanso. No se trata de hacer deporte intenso, sino de encontrar una rutina que se adapte a tus necesidades: caminar, nadar, yoga, pilates…

3. Alimentación equilibrada

Una dieta rica en frutas, verduras, proteínas de calidad, calcio y grasas saludables puede marcar una gran diferencia. Evitar azúcares refinados, alcohol en exceso o ultraprocesados ayuda a controlar los sofocos, el peso y el estado de ánimo.

También es importante cuidar el intestino, la salud digestiva tiene un impacto directo en las hormonas y el sistema inmune.

4. Cuidado del suelo pélvico y salud sexual

La fisioterapia de suelo pélvico puede prevenir o aliviar problemas como la incontinencia, el dolor en las relaciones o la debilidad muscular. También mejora la calidad de las relaciones sexuales y la conexión con el propio cuerpo.

Si hay sequedad vaginal, existen hidratantes, lubricantes y tratamientos locales que pueden aliviar los síntomas de forma segura.

5. Espacios para el autocuidado y la salud emocional

El impacto psicológico de esta etapa muchas veces se pasa por alto. La ansiedad, la tristeza o los cambios de humor no son “cosas que hay que aguantar”. Son señales de que el cuerpo y la mente necesitan atención.

Terapia psicológica, espacios de escucha, actividades creativas, meditación o simplemente tiempo para una misma pueden ser grandes aliados.

Vivir esta etapa sin miedo, con información y acompañada

La perimenopausia y la menopausia no marcan el final de la vida activa, ni de la sexualidad, ni de la vitalidad. Al contrario: pueden ser el inicio de una nueva etapa más libre, más consciente y más conectada con el cuerpo.

Pero para eso, es necesario desterrar mitos, hablar sin tabúes y saber que no estás sola. Esta transición merece ser vivida con el mismo respeto, atención y cuidado que cualquier otro momento clave en la vida de una mujer.

¿Y si empezamos a hablar de la menopausia como lo que es? Una etapa de transformación, sí. Pero también una oportunidad para reconectar con lo esencial, redefinir prioridades y escucharse más profundamente.

Tu calidad de vida importa. Y entender lo que te ocurre es el primer paso para cuidarte mejor.

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